Una visita a las Salinas de Añana


Todo comenzó hace millones de años cuando esta zona de Araba, Añana, era todavía un mar. Con el paso de los años este mar fue retrocediendo dejando escondida en manantiales un tesoro en forma de sal. Gracias a las características geológicas de esta tierra el agua salada se filtra y el mineral sale a la superficie. Teniendo en cuenta la riqueza y oportunidad esta tierra ofrecía, el ser humano se instaló hace unos 6.500 años y para conseguir la preciada sal construyeron miles de eras creando un paisaje único y especial: el Valle Salado de Añana. 



La sal es la protagonista del Valle Salado de Añana. Está a unos 30 kilómetros de Vitoria-Gasteiz. Los primeros seres humanos que habitaron la zona ya fueron conscientes del poder que tenía este mineral. Tiempo después llegaron los romanos y cambiaron el paisaje construyendo las primeras terrazas para construir encima las eras donde producir la sal. Ellos mostraron el camino. La sal era un bien muy preciado ya que era la encargada de conservar la comida. Es por ello que en la edad media la realeza quiso tener el poder sobre el Valle de Añana. 



Lo que más llama la atención de este lugar tan especial son las eras sobre las terrazas creadas hace cientos y cientos de años. Algunas de ellas acusan el paso del tiempo, otras están siendo restauradas y otras están todavía en funcionamiento. Las eras son pequeñas parcelas donde se produce la sal. En su mayor esplendor llegó a tener unas 5.000 eras. 




Estas eras se dividían en granjas, es decir, la cantidad de eras que tenía cada familia de salineros; una familia podía tener una granja de diez eras y otra familia de una era. Estaban construidas de piedra, arcilla y madera. El contacto de la arcilla con la sal hacía que esta fuese más oscura y cuando se popularizó la sal blanca tuvieron que buscar la forma para hacer sal blanca y así empezar a poner baldosas cubriendo las eras. 




Resumiendo el proceso de producción de sal: se echa una cantidad adecuada de salmuera procedente del manantial en la era y que llega a través de los canales de madera, se remueve, y al día siguiente se vuelve a remover. Así hasta que el sol evapora el agua dejando la sal preparada para su recogida. Las condiciones ideales para su producción son el sol y el viento y es un trabajo tradicional que solo se podía hacer durante la primavera y el verano. 



Después de recoger la sal la guardaban en unos almacenes que estaban debajo de las terrazas hasta acumular la cantidad suficiente para venderlas. Las mujeres se encargaban de limpiar la sal. Hoy en día siguen produciendo sal de la forma artesanal (que se puede comprar en la tienda de la salida). 





Las condiciones ambientales del lugar hacen que tenga una flora y fauna también especial. En el agua viven Artemias, diminutos invertebrados de la época de los dinosaurios. 

Entre eras            

Todo esto y más lo explican en la visita guiada que lleva al visitante por las terrazas, eras y canales de madera, además de bajar hasta el pequeño río que atraviesa la salina. Durante la visita explican como era el trabajo artesanal, la historia del Valle... Es muy didáctica y entretenida. 




Hasta la hora de la visita, recomiendan ir con  una media hora de antelación, que mejor que esperar en el spa salino. Es una de las cosas que más me gustan de la visita, y es en si lo más simple y sencillo; trata de unas piscinas de agua salada para los pies y también tienen para las manos, y tiene vistas a todo a las salinas. 




Aunque la sal sigue siendo un producto muy consumido en la gastronomía, con el tiempo la producción de la salinas de Añana dejaron de ser rentables y poco a poco la industria ligados a la sal fueron dejando el valle, hasta que hace unas décadas decidieron revivirlo y crearon la Fundación Valle Salado que se encarga tanto de la recuperación como de la investigación histórica y arqueológica, como de la producción y venta de la sal y productos derivados. 


Esta visita se hizo el 12 de julio de 2025.

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