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Preparando la maleta a Krakow

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El símbolo y seña de identidad de la ciudad de Krakow es el dragón. Según cuenta la leyenda de pronto, un buen día, la gente y animales del lugar de la tribu Lechitians estaban desapareciendo. La razón era un enorme dragón que se aposentó en una cueva cerca del río. Krak, el jefe de la tribu, pidió ayuda y prometió que quien acabara con el dragón se llevaría la mitad de las tierras del reino. Fue un zapatero con mucha inteligencia quien consiguió acabar con el dragón y Krak, fundador de la ciudad de Krakow, cumplió su deuda. Un solo día en su plaza del mercado es suficiente para darte cuenta de lo peculiar e impresionante que es Kraków y de la historia que guarda.

Preparando la maleta a Conil de la Frontera

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Si hablamos de los pueblos de la costa gaditana es el blanco y la pureza y la paz que este color transmite lo que me viene a la cabeza. Conil de la Frontera no es una excepción. A pesar de haberse convertido en un pueblo que cada año acoge a miles de turistas, ha sabido mantener el el encanto de las villas marineras con su urbanismo andalusí: casas blancas con tejado en forma de terraza y callejuelas estrechas por las que es muy fácil perderse. Y lo bonito que es perderse por estas calles y poder saborearlas al máximo. Conil de la Frontera está a poco más de 40 kilómetros de la capital de la provincia y tiene una población de 21.900 conileños y conileñas. Uno de sus mayores atractivos son las playas y las calas que se esparcen por todo el el litoral. Más de 14 kilómetros de arena blanca y agua azulada.

Preparando la maleta a Hilchenbach: el viaje

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Si hablo de Hilchenbach serán pocas las personas que les suene este lugar. Para describir este pueblo alemán podría decir que es como introducirte en un cuento, viajar en el tiempo y esperar en que cualquier momento los elfos te entreguen regalos. Suena a exageración, pero no es lo es tanto. Hilchenbach ha sabido mantenerse en el tiempo y guardar la esencia de esta zona en la que las casitas bajas blancas, en las que la estructura de madera asoma en la fachada y los tejados negros de pizarra resguardan las casas de la nieve.   Nieve no nos tocó pero si frío, mucho frío. Es lo que tiene visitar esta zona en diciembre. El termómetro no superó los 4 grados hasta casi el final de nuestra estancia. Además, al frío se le sumaba el hecho de que anochecía sobre las cuatro de la tarde. Después de mucho tiempo, Hilchenbach La razón de visitar el desconocido pueblo de Hilchenbach es que vivía un familiar allí y después de mucho tiempo insistiendo en que teníamos que ir a visitar esa zon...