Zugarramurdi, la cueva de las brujas
En el útero de Amalurra, de la Madre Tierra, se reunían y festejaban el contacto con la naturaleza. Bailaban dentro de la cueva para agradecer a la tierra todas las cosas que ofrecía, para pedir que fuese un año fructífero, para que el tiempo les acompañase. La tierra, agradecida, les ofrecía plantas curativas con las que poder hacer medicinas y ungüentos; campos llenos de labranza para tener comida que llevarse a la boca... Estas mujeres tenían una sabiduría en conexión con la tierra, poseían la capacidad de ser matronas a la vez que consejeras y curanderas. Era una época en la que la Madre Tierra era principio y fin. Y estas mujeres solo querían el bien para sus pueblos. Pero todo cambió, el reunirse en cuevas era signo de paganismo, de brujería, de maldad. Y todo eso debía de cambiar.